Los niños empiezan a usar internet a edades muy tempranas, cuando todavía están en pleno desarrollo emocional y cognitivo. La mayoría tiene móvil propio antes de la adolescencia y, al llegar a los 15 años, prácticamente todos están conectados de forma permanente.
No hablamos de un uso puntual, sino de una presencia continua del entorno digital en su vida diaria.
Durante la semana, la mayoría pasa al menos una hora diaria frente a pantallas y los fines de semana, el tiempo de exposición aumenta considerablemente en algunos casos.
Pero el problema no es solo el tiempo lo realmente relevante es:
- La falta de límites claros.
- El tipo de contenido que consumen.
- La ausencia de acompañamiento adulto.
Se observan efectos claros cuando el uso es excesivo o descontrolado:
- Ansiedad cuando no pueden acceder al dispositivo.
- Problemas de concentración.
- Irritabilidad y baja tolerancia a la frustración.
- Impacto en el rendimiento académico.
- Riesgo de dependencia o adicción.
No se trata de “niños difíciles”, sino de menores sobreestimulados y expuestos a un entorno digital para el que, muchas veces, no están preparados.
Muchos padres y madres apoyan limitar el uso del móvil en el entorno escolar y restringir el acceso temprano a redes sociales.
Además, en los menores más pequeños es frecuente el uso de controles parentales.
Las familias perciben el riesgo, pero la tecnología avanza más rápido que la capacidad de supervisión y educación digital.
No basta con que los menores sepan usar un móvil es necesario educar en límites y tiempos, acompañar activamente el uso digital, asumir una responsabilidad compartida entre familias, centros educativos, plataformas y administraciones.
La hiperconectividad infantil no es solo una cuestión tecnológica, sino educativa, social y preventiva.
No te pierdas la entrevista completa con Javier Nogueroles, que podrás escuchar cada semana en el programa TIC TAC DATOS de ONDA NARANJA COPE.