Seguro que muchos oyentes piensan que cuando juegan a un videojuego simplemente están pasando un rato de ocio. Pero la realidad es muy distinta. Detrás de cada partida existe un enorme tratamiento de datos personales que, en algunos casos, supera incluso al que realizan muchas aplicaciones móviles o redes sociales.
La Agencia Española de Protección de Datos acaba de publicar una guía específica para la industria del videojuego y lanza un mensaje muy claro: jugar también implica proteger nuestra privacidad.
Cuando pensamos en los datos que recoge un videojuego solemos imaginar el nombre de usuario, el correo electrónico o la contraseña. Sin embargo, la información que recopila va mucho más allá. Desde que creamos una cuenta, el sistema conoce nuestra edad, el país desde el que jugamos, el dispositivo que utilizamos, nuestro historial de compras o la dirección IP. Y en algunos juegos, especialmente los que utilizan realidad virtual o reconocimiento de voz, incluso pueden tratar datos biométricos como la voz o la imagen facial.
Uno de los conceptos más interesantes de la guía es la llamada telemetría.
Aunque el término resulte poco conocido, significa algo muy sencillo: el videojuego registra prácticamente todo lo que hacemos mientras jugamos. Sabe cuánto tiempo permanecemos conectados, qué recorrido seguimos dentro del mapa, qué objetos utilizamos, cuántas veces fallamos una misión o incluso cuándo abandonamos una partida porque nos hemos frustrado. En definitiva, cada movimiento deja un rastro.
¿Y para qué sirve toda esa información? Una parte tiene una finalidad lógica, como mejorar el funcionamiento del juego, detectar errores o impedir que algunos jugadores hagan trampas. Pero otra se utiliza para personalizar la experiencia y aumentar las probabilidades de que permanezcamos más tiempo jugando o realicemos compras dentro del propio videojuego.
Quizá el aspecto más llamativo es que los videojuegos actuales no solo registran lo que hacemos, sino que también pueden sacar conclusiones sobre nuestra forma de actuar. Analizando nuestro comportamiento, el sistema puede deducir si somos competitivos o cooperativos, si solemos gastar dinero con facilidad o si respondemos mejor a determinados tipos de recompensas. Es decir, además de recopilar datos, pueden elaborar perfiles sobre nuestra personalidad y nuestros hábitos.
La guía también advierte de algunos riesgos para la privacidad. Uno de ellos es el denominado doxing, que consiste en descubrir la identidad real de un jugador que aparentemente actúa bajo un pseudónimo.
Otro riesgo son las brechas de seguridad, ya que las plataformas de videojuegos almacenan millones de cuentas con datos personales que pueden convertirse en objetivo de los ciberdelincuentes. Además, cada vez es más frecuente el uso de interfaces diseñadas para influir en nuestras decisiones, los conocidos como patrones oscuros, que intentan que aceptemos determinadas opciones de privacidad o realicemos compras sin detenernos demasiado a pensar.
La Agencia presta una atención especial a los menores de edad. Los niños y adolescentes son especialmente vulnerables porque muchas veces no son conscientes de la cantidad de información que comparten mientras juegan ni de las consecuencias que puede tener esa información en el futuro. Por eso insiste en la importancia de utilizar controles parentales, revisar la configuración de privacidad y fomentar la educación digital desde edades tempranas.
Cinco consejos muy sencillos. Utiliza un nombre de usuario que no permita identificarte fácilmente. Revisa siempre las opciones de privacidad del juego. Evita vincular tu cuenta con otras plataformas si no es necesario. No compartas información personal en los chats de voz o de texto. Y, si hay menores en casa, acompáñalos también en el mundo de los videojuegos igual que lo hacemos en cualquier otra actividad digital.
Porque hoy un videojuego ya no es únicamente una forma de entretenimiento. Es una plataforma capaz de recopilar una enorme cantidad de información sobre nosotros. Y, igual que protegemos nuestros datos cuando compramos por Internet o utilizamos una red social, también debemos hacerlo cuando cogemos el mando de una consola o abrimos un juego en el móvil. Al fin y al cabo, detrás de cada partida también estamos dejando una valiosa huella digital.
No te pierdas la entrevista completa con Javier Nogueroles, que podrás escuchar cada semana en el programa TIC TAC DATOS de ONDA NARANJA COPE.