En verano cambiamos nuestras rutinas. Viajamos, utilizamos redes WiFi de hoteles, aeropuertos o cafeterías, hacemos más compras con el móvil y compartimos fotografías constantemente. Precisamente por eso, también aumentan los riesgos para nuestra seguridad digital.
El INCIBE ha publicado recientemente una guía muy interesante sobre cómo debemos actuar si perdemos o nos roban el teléfono durante un viaje.
Y es que, cuando perdemos el móvil, en realidad no estamos perdiendo solo un teléfono. Estamos perdiendo nuestra cartera digital.
Dentro llevamos el acceso al banco, al correo electrónico, WhatsApp, fotografías, documentos personales, aplicaciones de trabajo, certificados digitales y, en muchos casos, las llaves de acceso al resto de nuestros servicios.
¿Qué debemos hacer?
Lo primero es intentar localizar el dispositivo mediante las herramientas de Apple o Android. Si vemos que está cerca, podremos hacerlo sonar. Si comprobamos que ha desaparecido o sospechamos que ha sido robado, debemos bloquearlo inmediatamente y, si es necesario, borrar su contenido de forma remota.
El siguiente paso es contactar con nuestra operadora para bloquear la tarjeta SIM. Muchos servicios siguen utilizando los mensajes SMS para verificar nuestra identidad y, si alguien controla nuestra SIM, podría intentar acceder a nuestras cuentas.
Después conviene cambiar las contraseñas más importantes, empezando por la del correo electrónico. El correo es la llave maestra de nuestra identidad digital. Si un delincuente consigue acceder a él, probablemente podrá restablecer las contraseñas del resto de servicios.
También es recomendable revisar las sesiones abiertas en Google, Apple, Microsoft, Facebook o WhatsApp y cerrarlas de forma remota. Así evitaremos que el dispositivo siga teniendo acceso a nuestras cuentas.
Si además utilizamos Apple Pay o Google Wallet, conviene bloquear temporalmente las tarjetas o desactivar los medios de pago digitales.
Y, por supuesto, si el móvil ha sido robado, debemos presentar la correspondiente denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Esa denuncia puede ser fundamental para acreditar posteriormente un fraude bancario o una posible suplantación de identidad.
Pero la mejor protección siempre empieza antes de que ocurra el problema.
Antes de salir de vacaciones conviene activar la localización del dispositivo, utilizar un código de desbloqueo seguro, activar la autenticación en dos factores, realizar una copia de seguridad y evitar conectarse a redes WiFi públicas sin las debidas precauciones.
Porque muchas veces pensamos que el mayor riesgo es que nos roben el teléfono. Sin embargo, en ocasiones el verdadero problema es que somos nosotros mismos quienes facilitamos el acceso a nuestros datos al conectarnos a una red insegura o instalar aplicaciones de origen desconocido.
Unas sencillas medidas de prevención pueden marcar la diferencia entre una simple incidencia y un grave problema de seguridad.
Y recuerda: proteger tu móvil es proteger tu identidad digital.
¿Ya se puede volver a fichar con la huella dactilar?
En los últimos días ha llamado mucho la atención una noticia: la Audiencia Nacional ha anulado la guía de la Agencia Española de Protección de Datos sobre el uso de sistemas biométricos para el control horario de los trabajadores.
Y enseguida han aparecido comentarios diciendo: Entonces ya se puede volver a fichar con la huella dactilar
Pero la respuesta es no.
Lo que ha anulado la Audiencia Nacional no es la normativa sobre protección de datos. Lo que ha anulado es una guía elaborada por la Agencia Española de Protección de Datos por cuestiones relacionadas con su fundamentación jurídica.
Es decir, desaparece la guía, pero no cambian las obligaciones que establece el Reglamento General de Protección de Datos.
Los datos biométricos, como la huella dactilar o el reconocimiento facial, siguen siendo datos especialmente protegidos cuando se utilizan para identificar de forma unívoca a una persona.
Y eso significa que su tratamiento sigue estando sometido a requisitos muy estrictos.
Por tanto, las empresas que estén pensando en volver a implantar sistemas de fichaje mediante huella dactilar deberían actuar con mucha prudencia.
La anulación de la guía no supone una autorización automática para utilizar estos sistemas como método habitual de control horario.
La situación jurídica sigue siendo compleja y será necesario esperar a nuevos criterios de la Agencia Española de Protección de Datos o a futuras resoluciones judiciales que aporten mayor seguridad jurídica.
En definitiva, ha desaparecido una guía administrativa, pero las obligaciones del Reglamento General de Protección de Datos siguen exactamente donde estaban.
Antes de implantar un sistema biométrico, conviene analizar cada caso y asegurarse de que el tratamiento cumple con la normativa vigente.
Porque, en protección de datos, una sentencia no siempre significa lo que parece a primera vista.
¿Deben los menores de 15 años utilizar redes sociales?
Francia acaba de convertirse en el primer país de la Unión Europea que aprueba una ley para impedir que los menores de 15 años puedan utilizar redes sociales.
La nueva norma obliga a las plataformas a verificar la edad de sus usuarios y a cerrar las cuentas de quienes no cumplan ese requisito.
La noticia ha abierto un debate que, probablemente, acabará llegando al resto de Europa.
¿Hasta qué punto deben las redes sociales estar al alcance de los menores?
Cada vez existen más estudios que relacionan un uso intensivo de estas plataformas con problemas de salud mental, ansiedad, adicción, pérdida de autoestima, ciberacoso o una exposición demasiado temprana a contenidos que no siempre son adecuados para su edad.
Hasta ahora, cuando hablábamos de menores y protección de datos, casi siempre nos centrábamos en proteger su información personal.
Pero quizá el verdadero reto sea mucho más amplio.
Quizá también debamos proteger su tiempo, su atención y su desarrollo personal.
Porque las redes sociales no solo recopilan datos sobre nosotros.
También aprenden cuáles son nuestros intereses, cuánto tiempo permanecemos conectados, qué contenidos consumimos y cómo reaccionamos ante ellos.
En definitiva, los algoritmos construyen un perfil muy preciso de cada usuario.
Y cuando ese usuario es un menor, la responsabilidad es todavía mayor.
La privacidad ya no consiste únicamente en evitar que alguien robe nuestros datos personales.
También consiste en decidir quién influye en nuestra vida, cuánto tiempo pasamos conectados y qué información permitimos que la tecnología recopile sobre nosotros.
La decisión de Francia seguramente será solo el comienzo de un debate mucho más amplio.
Un debate sobre cómo proteger a los menores en un entorno digital cada vez más presente en sus vidas.
Porque educar en privacidad también es educar en un uso responsable de la tecnología.
No te pierdas la entrevista completa con Javier Nogueroles, que podrás escuchar cada semana en el programa TIC TAC DATOS de ONDA NARANJA COPE.