Hoy todos llevamos una cámara en el bolsillo. Hacemos fotos, grabamos vídeos y compartimos contenido casi sin pensar. Pero jurídicamente existe una gran diferencia entre hacer una fotografía y tener derecho a utilizarla o difundirla.
En entornos cotidianos como colegios, graduaciones o empresas, muchas imágenes parecen inocentes… hasta que se utilizan fuera de contexto o se manipulan mediante inteligencia artificial.
Por ejemplo, una fotografía tomada legítimamente durante un acto escolar puede convertirse en un problema grave si después se usa para crear un deepfake o un vídeo falso donde una persona aparenta decir algo que nunca dijo.
Ahí ya entran en juego derechos fundamentales como la propia imagen, la intimidad y la protección de datos.
Lo mismo ocurre en empresas. Publicar imágenes de talleres, oficinas o instalaciones puede revelar matrículas, datos de clientes, procedimientos internos o incluso generar problemas de competencia desleal si se utilizan para promocionar negocios competidores.
Además, antes de denunciar cualquier publicación, hay algo esencial: conservar la prueba. Capturas de pantalla, enlaces, vídeos descargados y fechas pueden resultar fundamentales si el contenido desaparece posteriormente.
La tecnología avanza muy rápido, pero la responsabilidad legal también. Porque la pregunta ya no es solo “¿puedo hacer esta foto?”, sino “¿tengo derecho a utilizarla así?”.
Y precisamente ahí empieza la verdadera educación digital.
No te pierdas la entrevista completa con Javier Nogueroles, que podrás escuchar cada semana en el programa TIC TAC DATOS de ONDA NARANJA COPE.